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POR QUÉ CORRER UN IRONMAN (2000) - Por Angel Altes (trilistero)
"Dondequiera que puedas hacerlo o soñarlo, empieza. En la audacia hay genialidad, energía y magia."
(Goethe)
En la primavera de 1923 George Malory recorría Inglaterra y los Estados Unidos dando conferencias. La Royal Geographical Society, que había sido creada casi un siglo antes con el fin de promover la exploración, había ido haciendo la luz en la mayoría de zonas oscuras en el mapa terrestre. Tras la llegada de Amundsen al Polo Sur en 1911 el único desafío geográfico sobre el planeta era la conquista de la cima de la montaña mas alta del mundo, el Everest ("Chomolungma", que significa "Diosa Madre del Mundo", para los tibetanos). Para conseguir recaudar el suficiente dinero para una nueva expedición, Malory explicaba en sus conferencias las circunstancias de los dos intentos anteriores de 1921 y 1922, en los que él mismo llegó a tan solo
unos cientos de metros de la cumbre. La pregunta típica era inevitable: ¿por qué subir al Everest? Muchas veces la había respondido, y de muy diversas maneras: para conseguir una piedra de la cima para los geólogos que decidirán si se trata del punto inferior o superior de un pliegue; para conocer los límites de la resistencia humana; y sobre todo para mantener vivo en el alma del hombre el espíritu de aventura. En una ocasión su respuesta fue mucho mas sencilla y espontánea: "porque está ahí". Es difícil intentar explicar esta respuesta, casi metafísica, pero tiene la cualidad de
no buscar una excusa científica, sino que representa la esencia de una mentalidad.
Antes de ir a Lanzarote no me paré mucho a pensar ¿por qué correr un Ironman? Sin embargo en el viaje de vuelta me tropecé con el relato de la respuesta de Malory en el libro que me llevé para distraerme. Es muy fácil, pero a la vez inútil, buscar otras motivaciones. Podría ser: quiero ver de lo que soy capaz, fijarme un reto y entrenar para conseguirlo; quiero probar de nuevo la sensación mágica de correr la recta de meta en una prueba de resistencia que sé de antemano me va a resultar durísima; quiero impulsar mi factor "vida propia" y asumir el reto (como escribí cuando fui a Niza); quiero ser el primer Tripi Ironman clasificado para Hawai; quiero demostrar,
como creo, que la mente humana tiene un poder inmenso para llevar al cuerpo a esfuerzos inimaginables; quiero mi camiseta de Finisher para lucirla en el próximo duatlón de Cantimpalos; quiero vivir una experiencia nueva y que me imagino va a ser inolvidable para el resto de mi vida; quiero. Hay otras explicaciones más peregrinas como la de George Sheehan, el gurú americano del footing de los setenta, que desde su condición de médico (cardiólogo) sostenía que existe en el talón del pie determinado nervio que al estimularlo continuamente en la carrera produce una sensación de adicción a la misma; es lo que se podría definir como estar "enganchado" a correr. Hablando del doctor Sheehan me gustaría repetir la cita del artículo de Niza; él se refería a las carreras de maratón, pero puede entenderse igual
si sustituyo la palabra maratón por Ironman: "El Ironman es un lugar en el que pueden coexistir dos ideas contradictorias acerca de la vida. La primera es la de que todo lo que se hace bien es intrínsecamente una crítica de lo que se hace mal; la segunda es la de que si una cosa merece la pena hacerse, debe hacerse aunque sea mal. En un
Ironman, la carrera perfecta del ganador representa una crítica de todo lo que no está a su altura. Y sin embargo un triatleta de mediana edad que termine ... horas después que él tendrá perfecto derecho a sentarse y a llorar de felicidad".
Pensando ahora en ello no encuentro otra respuesta más coherente.
¿Por qué correr un Ironman? Porque está ahí.
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