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La última perla de lanzarote

El apelativo mágico: "Finisher". La idea de todo competidor:
"Terminar. Cueste lo que cueste". Las distancias: 3.800 metros
nadando, 180 kilómetros en bici y la maratón (42,195 kilómetros) corriendo.
Un objetivo común: "Llegar a la meta". El sueño de cada
triatleta: "Ser un Ironman".

25 de mayo del 2002. Playa de Puerto del Carmen, en la isla de Lanzarote.
Amanece. Aguas calmadas. Cielo tapado. Temperatura agradable. Faltan pocos
minutos para las siete de la mañana y sin embargo para ochocientos
triatletas (masculinos y femeninos), hace horas que comenzó el día. Pero no
un día cualquiera, no. Un día en el que afrontan el gran reto. En el que
tendrán que ponerse a prueba. Les espera la competición de un día, más dura
del Mundo. Y lo saben. Es el Ironman. Por eso, entre toda aquella multitud,
acompañada como en una peregrinación hacia la playa por gran cantidad de
personas queridas y de espectadores, no se oye sino el murmullo del mar, que
parece estar llamando a los triatletas para ofrecer sus aguas saladas y
azules a todos aquellos que se atrevan a surcar los 3.800 metros a nado.Concentración. Así se resume lo que pasa por todas aquellas cabezas,
tapadas por los gorros de látex, donde se puede ver pintado el dorsal de
cada triatleta. Concentración para saber sacar lo mejor de uno mismo durante
las horas siguientes. Durante horas que han sido meticulosamente
planificadas y previstas durante todos los meses anteriores. Entrenamiento
tras entrenamiento, cada uno de los que comenzarán la prueba, han estado
"probándose a si mismos". Probando su espíritu de superación, de
convicción en sus ideas. Probando su capacidad para conseguir un objetivo
que sólo parece reservado a unos pocos. Probándose diariamente. Probándose
para ver acercarse esta fecha mientras vas descontando días en el
calendario. Todos saben el largo camino hasta el Ironman. Ahora necesitan
toda su concentración para convertir ese largo camino, en un recorrido que
les llevará a la soñada línea de meta.

Pero para eso falta mucho. Por el momento, mientras se acercan a la playa
con sus trajes de neopreno, que visten debido a la baja temperatura del
agua, han de centrarse en buscar en su interior lo mejor de sí mismos. Sólo
así se puede superar "el gran triatlón". Y es que saben que
nadie les va a ayudar a nadar, pedalear o correr. En cada brazada, en cada
pedalada y en cada zancada, su esfuerzo ha de venir de dentro. En "la
isla del fuego", eres tú contra ti mismo.

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